La diferencia entre una alfombra de aserrín que se ve linda y una que hace parar a la gente casi siempre es la misma: el volumen. Una alfombra de bloques planos se lee como un dibujo infantil. Una con degradados y sombras se lee como una pintura. Y la técnica no es difícil, solo hay que entender el orden.
La regla que gobierna todo: de claro a oscuro
El aserrín se trabaja por capas y las capas se contaminan hacia abajo. Si ponés el oscuro primero y después el claro encima, el claro se ensucia. Al revés, el oscuro tapa limpio.
Entonces la secuencia siempre es: base clara, tonos medios, oscuros al final. Y los contornos negros, últimos de todos.
Degradado de dos tonos
Es el más simple y el que más rinde visualmente. Sirve para cielos, para fondos, para pétalos y para telas.
- Extendé el tono claro cubriendo toda la zona del degradado, parejo.
- Empezá a espolvorear el tono oscuro desde el extremo donde querés que sea más intenso, muy de a poco.
- Bajá la cantidad a medida que avanzás hacia el otro extremo, hasta que sea casi nada.
- No mezcles con la mano. El degradado se logra por densidad de espolvoreo, no revolviendo.
Ese punto 4 es donde falla casi todo el mundo. Si revolvés, no tenés un degradado, tenés un color intermedio nuevo y plano.
Degradado de tres tonos
Para superficies grandes o cuando querés un efecto más suave. La lógica es la misma pero con una banda intermedia:
- Base con el tono medio en toda la zona
- Espolvoreo del claro hacia un extremo
- Espolvoreo del oscuro hacia el otro
- Las zonas donde se cruzan quedan naturalmente mezcladas y esa es la transición
Sombras: lo que da volumen de verdad
Una sombra no es un degradado, es una zona oscura ubicada con criterio. Tres lugares donde poner sombra cambia todo:
- Al pie de cada elemento. Una franja oscura donde una figura toca el fondo la despega del plano.
- En el lado opuesto a la luz. Decidí de dónde viene la luz al principio y respetalo en toda la alfombra. Sombras en direcciones distintas arruinan el efecto.
- Dentro de los pliegues. En túnicas, telas y hojas, la línea oscura interior es lo que sugiere el doblez.
Para la sombra no uses negro salvo en los contornos. Usá el mismo color, dos o tres tonos más oscuro. Verde claro que sombrea con verde oscuro. Rojo que sombrea con guinda. Amarillo que sombrea con habano. Queda mucho más natural que ensuciar con negro.
Combinaciones que funcionan
| Color base | Su sombra | Su luz |
|---|---|---|
| Verde claro | Verde oscuro | Verde limón |
| Rojo | Guinda o granate | Naranja |
| Azulino | Azul marino | Celeste |
| Amarillo | Amarillo oro o habano | Blanco |
| Marrón claro | Marrón oscuro o pardo | Beige |
| Morado | Fucsia oscuro | Lila |
| Turquesa | Azulino | Menta |
Todos esos tonos están en la paleta de anilina para aserrín, que tiene 32 colores pensados justamente para poder armar estas familias.
El truco del colador
Para espolvorear con control fino, un colador de cocina viejo o una botella de plástico con agujeros en la tapa. Volcar con la mano da montones, no degradados. Con colador controlás la densidad y podés ir mirando el efecto mientras aparece.
Empezá siempre con menos de lo que creés que necesitás. Agregar más es fácil; sacar es imposible sin arruinar la base.
Practicá antes en chico
Antes de hacer un degradado de tres metros en la calle a las dos de la mañana, hacelo de treinta centímetros en una mesa. Vas a descubrir en cinco minutos cuánta densidad necesita tu combinación de colores, y esa información vale oro cuando estás contra reloj.
Si vas a armar una alfombra grande, el resto del proceso está en la guía completa de alfombras de aserrín.
Para consultar qué tonos combinan con los que ya tenés, escribinos al 977807153.